Investigadores peruanos publicaron esta semana un análisis revisado por pares que vincula exposición a campos electromagnéticos, estrés oxidativo y enfermedad de Alzheimer, por la relación entre los genes implicados.

Aplicando criterios rigurosos, los autores de esta revisión sistemática lograron demostrar una relación entre los genes implicados en la enfermedad de Alzheimer y aquellos que parecen ser estimulados por campos electromagnéticos. Esto plantea interrogantes importantes, sobre todo si se tiene en cuenta que, según la Clínica Cleveland, casi el 50 % de las personas mayores de 85 años padecen algún tipo de demencia.

«¿Y si la radiación electromagnética resultara ser un factor contribuyente?», pregunta la Dra. Devra Davis, fundadora de Environmental Health Trust. «Este nuevo estudio indica que el estrés oxidativo también influye en el desarrollo del Alzheimer. Sabemos que la radiación electromagnética induce estrés oxidativo; esto ya está demostrado. Plantea muchas preguntas interesantes que debemos investigar activamente. Y mientras continuamos con el seguimiento, este impresionante estudio refuerza aún más la necesidad de precaución y reducción de la exposición».

Los autores del estudio, publicado en el último número de Frontiers in Neurology, concluyen: «La exposición a campos electromagnéticos de 2,4 GHz emitidos por dispositivos Wi-Fi podría tener un impacto indirecto en la regulación de genes implicados en la enfermedad de Alzheimer, en particular aquellos relacionados con el estrés oxidativo y la homeostasis celular». En concreto, señalan: «La alteración de genes como GSK3B y APOE, fundamentales en la neurodegeneración, podría verse exacerbada por la exposición crónica a esta radiación».

Si bien muchos estudios han demostrado los efectos de la radiación electromagnética en el sistema nervioso, esta nueva investigación establece una conexión importante con la enfermedad de Alzheimer, que tanto los autores como la Environmental Health Trust coinciden en que merece una mayor investigación.

Radiación, desnaturalización de proteínas, estrés oxidativo y enfermedad de Alzheimer

«Es emocionante saber que los científicos ahora pueden analizar el impacto de un factor de estrés ambiental como los campos electromagnéticos en la expresión genómica individual», afirmó el Dr. Robert Brown, vicepresidente de investigación científica y asuntos clínicos de Environmental Health Trust. «Con el tiempo, sin duda comprenderemos mejor el impacto que la radiación inalámbrica y la contaminación electromagnética en general tienen en todos los organismos vivos».

Si bien este resumen puede ser suficiente para que muchos reconsideremos el uso del teléfono móvil cerca del cráneo, el Dr. Brown también ofreció una reacción más detallada, con un análisis más profundo de la respuesta genética señalada. «Esta revisión aborda la conexión genómica entre la producción excesiva de especies reactivas de oxígeno y el desarrollo de estrés oxidativo por la radiación de las comunicaciones inalámbricas de 2,4 GHz, lo que provoca la desnaturalización de proteínas y la formación de agregados proteicos, una característica conocida de la enfermedad de Alzheimer. La revisión señala secuencias genómicas clave que se ven afectadas por la radiación de 2,4 GHz, la cual dificulta la capacidad de la célula para funcionar correctamente y descomponer estos agregados, lo que conduce a su acumulación».

Para los lectores con conocimientos de genética o bioquímica, esto puede resultar fácil de comprender. Para el resto, lo que realmente nos interesa saber es cómo podría afectarnos a nosotros y a nuestros seres queridos. El Dr. Brown responde a esta pregunta de forma más sencilla: «Este estudio solo analizó el impacto de la radiación de 2,4 GHz en la enfermedad de Alzheimer, pero la desnaturalización de proteínas es un componente clave de otras enfermedades neurodegenerativas, como la demencia con cuerpos de Lewy y la enfermedad de Parkinson, además de la amiloidosis. Con el tiempo, esperamos que futuras investigaciones profundicen también en el papel de la exposición a campos electromagnéticos en el desarrollo de estas enfermedades».

Hasta aquí la noticia publicada el mes pasado en Environmental Health Trust.

 

Por mi parte quisiera dedicar esta evidencia científica a todos aquellas personas con familiares afectados de alzheimer que me contactaron alguna vez para hacer una medición de la contaminación electromagnética de su domicilio y que tras llevar a cabo las recomendaciones que les propuse para reducir su exposición vieron como mejoraban de gran parte de los síntomas, como la pérdida de memoria a corto plazo, la dificultad para completar tareas cotidianas, o los frecuentes cambios de humor.

Yo mismo he podido comprobar una y otra vez, y debido a mi condición de electrohipersensible, como empeoran mis funciones cognitivas (por ej. en la falta de concentración, la dificultad para resolver problemas, o en la pérdida de memoria a corto plazo) cada vez que me expongo a altos niveles de campos electromagnéticos (por ejemplo del ordenador, el router Wi-Fi, o de las antenas de telefonía móvil) y como me recupero poco a poco una vez que me separo o evito las diversas fuentes de contaminación electromagnética.